Apeca – Walter Rolando Minchez López- El Peregrino (III)

Y su nombre troncóse en metálico número

ya más no fue padre, compañero, ni amigo

tan sólo será un par de brazos

colgados en fila sobre el surco sin fin

con los pies hundidos en la tierra anegada;

que no se parece un poquito siquiera

a la que Dios ofreció en el desierto

a un pueblo cansado.

Y los soles le hallaron hurgando la tierra,

cambiando sus sueños, sudor y esperanzas,

por papeles que envuelven el oro anhelado

y la luna lo vio buscar el cielo,

el lucero que en su pueblo salía

y al que junto a sus hijos le pedían deseos.

Más la luna no pudo ayudar a encontrarlo;

limpiando zapatos, casas o calles,

no deja tiempo de buscar al lucero.

Los días se agolpan en preciso pasar,

no hay cantos de gallo que anuncien el alba,

ni charlas amenas al ponerse la tarde

perdidos en tranvías veloces, viajan las horas

repartiendo miserables pedazos de oro

y viajan las hora en trenes precisos

apurando a los hombres a envejecer

y hacinarlos en clubes

y en olvido amoroso dejar que se apaguen

con señal programada.

…allá entre casa y barrios y campanas de escuela

los niños le cuentan a quienes quieran oírlos

que papá les mandó muchas cosas extrañas

y dinero en paletas para cuentas de bancos

y ropa, juguetes y joyas,

y estuvo bueno que se haya ido papá.

Bibliografía.  Primera Antología de Poetas, Escritores y Compositores de Coatepeque. Febrero de 1995

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