Apeca – Rodrigo Soberanis Martínez – El Coronel Diaz (III)

Así las copas se iban cargando cada vez más de licor.   Pasaron las horas y mientras tanto le iban tocando ya los ánimos al Coronel para ver si se atrevía a internarse en el cementerio al llegar a medianoche.  Claro…que con pocas copas y con muchachas tan chulas había ofrecido demostrar su valentía.  Pero conforme se acercaba la hora parecía que se retractaba.  No había para donde las muchachas le recordaban que él era el quien tenía qué demostrar su valor.

Algunas veces intentó retirarse aduciendo que tenía otros compromisos, pero las muchachas que eran las carnadas le tiraban los brazos encima y le acariciaban para que no escapara.  En fin que llegó el momento.  A las doce menos cuarto le dijeron:”Bueno Coronel, ha llegado el momento… nosotros lo admiramos y lo respetamos y deseamos que sea usted el primer valiente que se interne al cementerio y que nada le pasará”.  Mientras lo tomaban de los brazos y encaminaban hacia la puerta: “Bueno,- dijo el Coronel- que todo…hip…sea hip… poe el cariño …hip…hip que siento…hip…..por ustedes…hip…les demostraré …hip…por qué traigo….hip…los pantalones”.

Se corrigió la postura de la gorra, estiró la guerrera con ambas manos para abajo, corrió atrás la posición de la pistola, puso la mano sobre la charpa y empezó a caminar haciendo lo posible por mantenerse erguido.  Desapareció en la penumbra.  Los muchachos esperaron más de media hora , al ver que no volvió dispusieron todos tomar camino cada uno a su casa, porque nadie se atrevió a acercarse a la entrada para saber lo que habría pasado.  En el trayecto hacia sus casas se iban haciendo especulaciones sobre el resultado de la broma, ahora culpándose mutuamente.  Total cada quien para su casa.

Al nomás aclarar se regó la noticia que el Coronel Díaz estaba sin vida en la entrada al Cementerio. Inmediatamente los que promovieron esta broma corrieron a enterarse, y sin comunicarse más que con las miradas.  Hasta ese momento se dieron cuenta que el Coronel al pasar una rama de bugambilia le tocó la cara y él trato de defenderse con la charpa, pero en la acción haló una buena rama que le introdujo una espina en el cuello.  En el acto el Coronel se sintió vencido y murió de sugestión.

Bibliografía.  Primera Antología de Poetas, Escritores y Compositores de Coatepeque. Febrero de 1995

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