Libros – “El Coatepeque Que Yo Vivi” – Escuela de Varones (II)

¿Quién no recuerda con cariño y admiración a estos profesores? ¿Quién no sentirá todavía las posaderas y las orejas calientes al evocar los cinchazos y los coscorrones que se nos propinaba y que después los padres aplaudían y terminaban de aplicar en casa, porque cuando inscribían a sus hijos los presentaban con la consabida frase de “Aquí se lo entrego con todo y culo? ¿Quienes no nos recordamos de la famosa escobeta de don Polito, quien le daba duro y en la cabeza los molestotes y lentos para el aprendizaje con el palo de la consabida escobeta y al tiempo de la aplicación de los golpes decía las sacramentales frases de “Hay que entender el castellano? ¿Quienes no rememoramos de la habilidad de de don Chepito para hacer los trabajos manuales? Aquellas laboriosas manos enseñaban a tejer cinchos, atarrayas, hamacas; ha hacer valijas y muebles de mimbre, a calar la madera y hacer mueblecitos de sala, carritos con ruedas y figuras de animales, boxeadores, camitas.

cropped-escueladevarones1940_2.jpgTodos estos trabajos bellamente pintados con la brillante pintura “Sapolin”. ¿Quién no se recuerda de los “malacates” con los cuales se trenzaba el hilo con el que se fabricaban los cinchos, las hamacas, las redes?

¿Quién no se recuerda de aquel palo de zunza, que tenía algunas ramas encima del tejado de lámina de zinc de una parte de la escuela? ¿Quién no se acuerda que cuando el zunzal botaba sus hermosos frutos sobre el tejado, sonaba como cuando una piedra de regular tamaño es tirado sobre un tejado de laminita? ¿Y el desorden que se armaba, principalmente con los pequeñitos de primero y segundo grados, quienes desconocedores de la disciplina escolar, al oír el sunzazo sobre al lamina, salían corriendo para poder agarrar el fruto que se deslizaba hacia el suelo, corriendo sobre los canales de la lamina? ¿Quien no rememora el delicioso sabor de la zunza asi conseguida, que no era igual al sabor de las demás zunzas?

Y aunque ella no trabajaba en la escuela, ¿Quién no recuerda a dona Nati de Valencia, una maestra con un corazón y una paciencia del tamaño del volcán Tacána? Cuando guió mis manos para hacer los primeros trazos de las vocales y cuando dirigió mis primeros juegos, dona Naty era ya viejecita, yo creo que siempre fue así no la puedo imaginar de otra manera. Dona Naty dejo grados recuerdos dentro del corazón de los coatepecanos. ¿Cuántos de los hoy papas ya abuelos no fueron alumnos de dona Nati?

¿Quién no se acuerda del significado de los toques de la vieja campana? Un campanazo: suspender todo juego. Dos campanazos: Encaminarse para los lugares de formación y formarse. Tres campanazos: Entrar a las aulas. Todo rigurosamente acatado por los alumno, so pena de un rígido castigo. ¡Que disciplina! ¿Será igual en este tiempo? Ustedes tienen la respuesta.

Bibliografía.  de León Castillo, Oscar.  “El Coatepeque que Yo Vivi”

Editorial Oscar de León Palacios

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