Vida Diaria – Año 1929- La Revolución de Casado.(II)

La misma persona hiciera las veces de jefe inquirió, pero antes de identificarme, quisiera me indicara quien es el jefe de la plaza. Rojas cuadrándose respondió, el Coronel Marroquín.

Es mismo día como a las once de la noche, el Coronel Marroquín había sido relevado del puesto, pues se le había considerado sospechoso y está de acuerdo con Casado, y habiéndolo reducido a prisión y habido tomando el mando el Teniente de Guardia, Luis Felipe Figueroa, y por la orden no había sido transmitida a la guarnición que ignoraba que pasaba y los oficiales todavía pensaban que era Marroquín el jefe de la Plaza.

Los tallos de banano puesto en el camino, había obstruido el paso del “Hudson” donde huían alzados, y al acercarse el teniente Rojas, sin saber nada del movimiento ocurrido en la guarnición, cuando le preguntaron quién era el jefe de la Plaza respondió el Coronel Marroquín, a que los capturados respondieron, no tenga pena muchachos que yo también soy militar, y sacándose de bocamanga del saco les enseño las estrellas de coronel, soy el Coronel Manuel J. Monteagudo, vamos con el jefe de Plaza, el teniente Rojas cuadrándose se acercó y le dijo, si me dispensa mi coronel todos tenemos que ir a pie.

La respuesta de Monteagudo, se bajó del carro y diciendo, no faltaba más, lo que Uds. Orden, al cabo somos militares y debemos respetar las ordenes, e hicieron a un lado los tallos de bananos, y unos soldados empujaron el Carro y prisioneros y soldados se vinieron por toda la calle real salida a Quezaltenango, la primera avanzada estaba a una cuadra de donde hoy es la gasolinera del señor Rodas.

Cuando llegaron al cuartel, fueron llevados hasta el despacho del Jefe, y allí estaba sentado sobre el mostrador el Teniente de Guardia, Luis Felipe Figueroa, – Monteagudo preguntó dónde está el Jefe de la Plaza, el Coronel Marroquín, el teniente Figueroa con una sonrisa irónica le respondió, “El jefe soy yo” un silencio absoluto, “Calixto” sobrino del Coronel, dirigiéndose a este le dijo “ahora si nos cargó la gran puta tío”, y este le respondió con una serenidad asombrosa, “no tengas pena muchacho, esto se resolverá, nos salvaremos”. Era casi las cuatro de la mañana del día 20 de Enero de 1929.
Galindo Reyna, Guillermo. “Coalt-tepec” “El Cerro de la Serpiente” 200 años de Historia, en la vida de la ciudad de Santiago de Coatepeque. 1770-1970. Páginas – 52-59
Documento proporcionado amablemente por don Sergio Castañeda

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