Vida Diaria – Año 1929- La Revolución de Casado. (III)

A las once del mismo día llego la orden de sacarlos de bartolina, y engañosamente se les dijo, que serían remitidos a San Marcos, una alegría se reflejó en el rostro de los prisioneros, y Monteagudo dijo en voz alta, “Así está mejor”. La escolta enfilo por la salida de Sintana, pero al pasar el actual cementerio al llegar a la puerta un teniente chuatujeño, de la orden variación derecha……. Monteagudo, casi grito “ya se adonde me llevan, pero por favor muchachos, no me peguen en la cara”

Fueron parados, donde está actualmente el anfiteatro (capilla) dieron la orden de fuego, el piloto del auto Rogelio Alonzo, lloraba diciendo que era inocente. Calixto pálido como la cera miraba a su tío, y este comprendió, y le dijo “hijo debemos morir como los hombres”, el español Cervantes no articulaba ninguna palabra, a la primera descarga, cayeron los tres únicamente Monteagudo, permanecía de pie, has que cayo y le dieron el tiro de gracias. Fueron enterrados juntos en una fosa común, el encargado de hacer la parihuela (camilla) de palos, fue Arturo Marchena.

Con esto cierro, el capítulo del fusilamiento para lo cual fuimos a entrevistar a muchas personas que todavía viven, y que vinieron en esa época, por ejemplo don Rogelio Santiago, que fue hecho prisionero juntamente con don Obdulio Meré, don Rogelio vino a Coatepeque, el primero de noviembre de 1925, como Comisario, y le toco recibirle a un comisario, que por pasiones amorosas mato a su novia, lo cual relataremos en otro capítulo. Don Rogelio era parte activa de ese movimiento y nos relató el comisario “Zaldaña” debía seis meses de alquiler de casa a don Obdulio Meré, y en venganza le involucro y a él, Rogelio Santiago, porque había capturado meses atrás al guardaespaldas de Zaldaña, robándose una máquina de escribir, fueron llevados a Quezaltenango, juntamente con el Coronel Marroquín, y tenían miedo de ser fusilados en el camino, y él nos indicó que Manuel Monteagudo fue capturado a las tres de la mañana y su hermano Félix a la cinco de la mañana en la entrada de la Carretera Barrios, juntamente con su guardaespaldas de origen mejicano, pero a ellos no los fusilaron, por el motivo de apresuramiento, había sido que Manuel J. Monteagudo, había traído un valija con dinero 118 paquetes de mil quetzales cada uno, dicho dinero se perdió.

El jefe de la caballería era el Coronel Javier Osorio, y el asistente don Pedro Castillo y Osvaldo Estrada.

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Galindo Reyna, Guillermo. “Coalt-tepec” “El Cerro de la Serpiente” 200 años de Historia, en la vida de la ciudad de Santiago de Coatepeque. 1770-1970. Páginas – 52-59
Documento proporcionado amablemente por don Sergio Castañeda

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