Vida Diaria – ¡Acción de Armas en el Año 1906! (III)

En Coatepeque, desde la 6 de la tarde fueron llegando tropas del batallón de Olintepeque, que al compás de la granadera hacia vibrar los corazones de los viejos que se habían quedo haciendo la guarnición y brotar lágrimas de las mujeres que pensaban en su seres queridos, ingresaron la infantería de San Francisco El alto, más atrás la Artillería de Quezaltenango, portando piezas en una recua de mulas, era imponente el desfile de la artillería que al redoble del tambor, presentaba un espectáculo imponente, eran las 10 de la noche y no dejaban de ingresar tropas, hizo su ingreso el batallón Canales, bravos peleadores, que al no mas llegar pidieron ir al campo de batalla, pero el valerosos coronel que comandaba el Batallón de Coatepeque, había dicho que hasta que cayera el último hombre combatiría defendiendo el suelo patrio por orden superior de los Beneficios de Café, el ranchón que era la Iglesia, la Estación de los ferrocarriles se convirtieron en cuarteles.

El grupo de escolta que habían sido capturados, allegar frente al jefe de los invasores estaba en completo estado de ebriedad con una mujer del brazo y unos cuanto músico obligados deleitaban al jefe al compás de las notas de una marimba, el jefe del grupo que los capturo rindió novedades, con una risotada les respondió.

Lévenselos al cuartel General y mañana por la mañana los pasamos por las armas y me rinden novedades de haber cumplido. El subalterno dando un fuerte taconazo respondió, Sus órdenes serán cumplidas, coronel.

Fueron sacados y llevados un rancho de manaca que hacia las veces de Cuartel General, al pasar por las calles se dieron cuenta que los almacenes de los chinos había sido saqueados, lo que no se habían podido llevar estaba desparramado por el suelo, las cantinas vacías, habían sido un pillaje a lujo de fuerza, al llegar al cuartel fueron introducidos donde la soldadesca estaba fondeada por el exceso de alcohol, ellos permanecieron largo rato en cuclillas, la pena embargaba en esos momentos, no tenían acción de nada, solo pensaban en la forma de escapar de ese lugar, de los invasores cada soldado tenía una o dos botellas de licor desparramas por el suelo dentro de los capturados solo uno era adicto a la bebida Ignacio Barrios (Nacho), no desperdicio el tiempo, empezó a beber has embriagarse seguro de que no tenían salvación, no le quedo más remedio o más recurso que la bebida, los otros se abstuvieron y no bebieron nada.
Galindo Reyna, Guillermo. “Coalt-tepec” “El Cerro de la Serpiente” 200 años de Historia, en la vida de la ciudad de Santiago de Coatepeque. 1770-1970.
Documento proporcionado amablemente por don Sergio Castañeda.

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